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jueves, 26 de febrero de 2015

The quiet one

  Toda la vida dije que George Harrison era mi Beatle preferido. Quizás por imitar a mi viejo, quizás porque realmente sentía simpatía por el guitarrista bajo perfil que compuso algunos de los temas más dulces y emocionantes de los Fab Four: Something, While my guitar gently weeps, Here comes the sun, etc.
  Ayer, Matías Martin, el conductor de Basta de Todo, sostenía que las personas que dicen preferir a Harrison entre los cuatro lo hacen para diferenciarse del resto, para no ser de la manada. Me sentí algo tocada, pero después me pareció pelotudo. Es verdad que, si uno dice preferir al baterista de los Stones teniendo disponibles a Mick Jagger y Keith Richards, está medio en pedo. Suena más a una elección hecha en función de no elegir otra cosa: una vez, en un documental sobre un conservatorio en La Plata, una chica que estudiaba viola decía que le gustaba el instrumento porque era mejor que el violín. Eso sí me pareció estúpido, aunque es cierto que nuestro gusto por las cosas se debe -en parte- a la comparación de esas cosas con otras. 
   Feliz cumple atrasado para el calladito.


sábado, 21 de febrero de 2015

No podés

  Hay películas que quedan en nuestra memoria por su nivel de bizarrez. Te pasa, o me pasa, que no comprendés, o no comprendo, cómo fue posible que el film trascendiese (si es que trascendió, claro). Te impresionan el patetismo, la falta de coherencia, la omitida posibilidad de poner en duda la calidad de la película.
  Tu rechazo ante lo bizarro no es, sin embargo, específicamente un rechazo. El hecho de que sigas con los ojos en la pantalla puede deberse a alguna especie inexplorada de morbo.
  Tal es el caso de The pick of destiny, una comedia musical en el sentido más literal posible del término: te cagás de risa -comedia- y los personajes sufren, de vez en cuando, ataques psicóticos que los inducen a cantar sorpresiva y patéticamente -musical-. JB y KG emprenden un viaje hacia el Museo de la Historia del Rock and Roll*  para encontrar una púa con poderes satánicos que, originalmente, era un diente del DiabloEste edificio tiene guardias que, se supone, deberían estar observando las cuarenta pantallitas que posee su cuarto de vigilancia pero están jugando al ajedrez e ignorando que en el monitor se ven dos gordos burlando la seguridad y trepando por las rejas. Debemos acordar que esta escena es extremadamente estereotípica y que podría apreciarse, con toda seguridad, en una película jamaiquina.
  Nuestros imbéciles protagonistas tocan, entonces, para la enorme decepción de quien aborrece los musicales, temas conmovedores cuyas letras aluden, en su mayor parte, a la amistad.  No se asemejan en nada al noise rock mala onda imaginable en contextos satánicos y son interpretados por los mismos protagonistas: Kyle Gass, con su guitarra; Jack Black, cantando y acentuando su obsesión por la palabra ''fuck''.
  El tema ''de amigos'' (un tema de amor, indudablemente) empieza:

Dude, i totally miss you
I really fucking miss you
I'm all alone,
All the time, all the time

  Musicalmente bello, no puede ser menospreciado por pertenecer ''a la banda sonora de una película" o estar interpretado "por actores que no son músicos profesionales''. Es, como ocurre frecuentemente, un caso en el que los actores cantan y usan la canción como un juguete entre sus manos mientras hacen de las suyas.


 

* Con el correr del film te preguntás si existe, pero de a poco te vas dando cuenta de que no, no, no, y... ni en pedo. El edificio ficcional ni siquiera puede semejarse con el pedazo de edificio que es el Salón de la Fama del Rock: presenta un aspecto exageradamente gigante e inverosímil y destina a cada género derivado del Rock una sala.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Qué grandes están

  Hace poco estaba aburrida y comencé a escribir nombres de hijos de músicos. La semejanza que encontré entre estos personajes consistía, básicamente, en que todos querían ser clones de sus padres  -el hecho de que hasta ahora esté hablando solo en masculino no es fruto de una gramática discriminatoria, sino de una casualidad: los ejemplos que se me ocurrieron eran masculinos-.
  En su mayoría -ojo ahí, dije mayoría- el reconocimiento de estos vástagos musicales se debía a su condición de vástagos, musicales. 
  Sin embargo, hay algunas excepciones tremendas de músicos que no pretendieron cargar con la mochila de la herencia paterna y empezaron a crear: Dante Spinetta, Javier Malosetti, Jakob Dylan. Este último es, sin embargo, un poco debatible, ya que el benjamín de Bob adoptó el apellido artístico de su padre en vez de ir con el original -Zimmerman-. 
   Hay también ventrílocuos de sus progenitores: Ziggy Marley, Miguel Ángel García, Julian Lennon, etc.
   Tengo un disco de Jakob Dylan que me parece increíble: Seeing Things. Desde su inicios -quiero decir, el título- te propone algo copado. Es de esos discos de tipos/as que pertenecen a una banda -en este caso, los Wallflowers- y que decidieron mostrarse en su formato solista sin la necesidad de abandonar su grupo. ¿Otro ejemplo? Vedder: cuando escuché el main theme de la peli Into the wild, interpretado por el grungeman, quedé con la sensación de que Eddie se tomó el palo y, cual protagonista del film, se fue a Alaska -es decir, a grabar solito- abandonando a su despreciable familia hiper-burguesa -es decir, a Pearl Jam-.
   No sé... hijos, padres; integrantes de bandas, bandas. Hay música que claramente es liberadora.