Hay películas que quedan en nuestra memoria por su nivel de bizarrez. Te pasa, o me pasa, que no comprendés, o no comprendo, cómo fue posible que el film trascendiese (si es que trascendió, claro). Te impresionan el patetismo, la falta de coherencia, la omitida posibilidad de poner en duda la calidad de la película.
Tu rechazo ante lo bizarro no es, sin embargo, específicamente un rechazo. El hecho de que sigas con los ojos en la pantalla puede deberse a alguna especie inexplorada de morbo.
Tal es el caso de
The pick of destiny, una comedia musical en el sentido más literal posible del término: te cagás de risa -comedia- y los personajes sufren, de vez en cuando, ataques psicóticos que los inducen a cantar sorpresiva y patéticamente -musical-. JB y KG emprenden un viaje hacia el
Museo de la Historia del Rock and Roll* para encontrar una púa con poderes satánicos que, originalmente, era un diente del Diablo
. Este edificio tiene guardias que, se supone, deberían estar observando las cuarenta pantallitas que posee su cuarto de vigilancia pero están jugando al ajedrez e ignorando que en el monitor se ven dos gordos burlando la seguridad y trepando por las rejas. Debemos acordar que esta escena es extremadamente estereotípica y que podría apreciarse, con toda seguridad, en una película jamaiquina.
Nuestros imbéciles protagonistas tocan, entonces, para la enorme decepción de quien aborrece los musicales, temas conmovedores cuyas letras aluden, en su mayor parte, a la amistad. No se asemejan en nada al noise rock mala onda imaginable en contextos satánicos y son interpretados por los mismos protagonistas: Kyle Gass, con su guitarra; Jack Black, cantando y acentuando su obsesión por la palabra ''fuck''.
El tema ''de amigos'' (un tema de amor, indudablemente) empieza:
Dude, i totally miss you
I really fucking miss you
I'm all alone,
All the time, all the time
Musicalmente bello, no puede ser menospreciado por pertenecer ''a la banda sonora de una película" o estar interpretado "por actores que no son músicos profesionales''. Es, como ocurre frecuentemente, un caso en el que los actores cantan y usan la canción como un juguete entre sus manos mientras hacen de las suyas.
* Con el correr del film te preguntás si existe, pero de a poco te vas dando cuenta de que no, no, no, y... ni en pedo. El edificio ficcional ni siquiera puede semejarse con el pedazo de edificio que es el Salón de la Fama del Rock: presenta un aspecto exageradamente gigante e inverosímil y destina a cada género derivado del Rock una sala.